jueves, 27 de marzo de 2008

Somos la muerte, todos un poco asesinos.

Somos la muerte. Así suene un poco inusual, de igual forma que decimos que somos la vida. ¿Acaso la vida como un proceso no incluye el nacimiento y la muerte? Sin estos dos componentes la vida como totalidad carece de sentido. Entonces al decir que somos la vida, decimos que somos la muerte. Al preocuparnos por la vida, nos preocupamos por la muerte. No obstante encuentro que frente a este tema nuestra sociedad posee un gran vacío. La sociedad moderna no admite su rol como asesina, pero no por esto es menos letal, de hecho lo que sucede es que asesina sin conciencia y sin sentido a toda clase de seres vivos; su aporte al ciclo de la vida y la muerte es irresponsable, irreflexivo y altera su armonía natural.

Nos preocupamos por proteger la vida y eso no está nada mal, sin embargo ¿qué tanto nos preocupamos por la muerte? ¿Por nuestra propia muerte y por la muerte que causamos? Creo que muy poco, realmente casi nada. Nos da miedo, y el miedo sólo es un reflejo del inmenso egoísmo que nos rodea. Quisiéramos vivir por siempre, no obstante en vez de intentar alargar nuestra vida en armonía con el resto de la vida, simplemente negamos la muerte, y buscamos vivir de acuerdo a nuestros caprichos a costa de toda la destrucción y el sufrimiento que pueda causarse.

Como seres vivos que hacemos parte de la red de la vida, nuestra existencia individual desencadena efectos sobre esta red. Entonces, sí nos preocupamos por cuidar la vida, la nuestra o la de otros seres, no sobraría preguntarnos también, acerca de nuestra muerte y la de otros. Cada nacimiento y cada muerte son los movimientos que mantienen la vida de toda la red.

¿Cómo morimos? ¿Cómo hacemos morir a otros? Animales y plantas prisioneras de nuestros caprichos durante sus vida, dominados e inutilizados, despojados de su valor intrínseco como miembros de la red de la vida, recubiertos con un ficticio valor económico, hasta que dejan de servirnos y los abandonamos a su agonía o los asesinamos. Buscamos dominar sus vidas desde su nacimiento hasta sus últimos momentos, pero ¿qué pasa entre seres humanos? ¿Será distinto? Creo que no.

Cada día nuestras sociedades ofrecen modelos de vida más restringidos, más controlados, más dominadores e inutilizadores de nuestro propio valor, de nuestro poder.

Claro se habla de libertad, pero no se habla de libertad ¿para qué?

Tus padres son libres de llevarte a distintos colegios, pero tienes que entrar a alguno o tu vida se arruinará, no serás un niño normal; tienes libertar para escoger una carrera profesional, pero si dejas de hacerlo quedarás excluido del mercado laboral. Casi todas nuestras libertades funcionan así, somos libres para obedecer, para someternos, para escoger dentro de las opciones que alguien más nos da. Somos libres para escoger que consumir, pero eso sí, debemos consumir y entre más, mejor. Esto no es auténtica libertad, sí las opciones son prediseñadas, sí la libertad sólo funciona cuando estás obedeciendo a otro no es más que una ilusión. Sí lo vez de esta forma somos tan libres como pueden ser libres las vacas o los cerdos en un matadero, libres para lamentar nuestra decadente existencia hasta que un día nos lleve una muerte triste. En verdad, no quiero está libertad, ¿y tu?

Pero los animales también asesinan, podrías decirme, el ser humano es sólo un cazador más. Pero yo te digo, que es muy distinto causar una muerte que dominar una vida. Entre los otros seres vivos se causan muertes, y así es como ésta fortalece a la vida. La presa que no logra escapar aporta su vida al ciclo; pero nosotros capturamos de por vida a todos aquellos seres que creemos que nos pueden brindar algún beneficio. Para la presa que cae en las fauces del cazador su muerte no es distinta a su vida, es y fue libre; para los prisioneros de la especie humana su muerte tal vez sea un descanso tras una tortura sostenida sistemáticamente, su muerte no es igual a su vida, sino que los libera de la miserable existencia de los rehenes. ¿Puedes ver algo distinto en ambas formas de matar?

Ahora se me ocurre que matar no es malo en sí, decimos tanto que debemos cuidar la vida que olvidamos el sentido profundo de esta frase, la convertimos en un slogan vacío. La crisis ambiental está llevando a la especie humana a enfrentar serios retos para mantener su forma de vida en el planeta tierra; la crisis ambiental originada por el comportamiento humano produce la extinción de múltiples especies de seres vivos cada día; la crisis ambiental que intentamos afrontar con campañas publicitarias y slogans sobre que “somos la vida” y que debemos “cuidar la vida” no podrá ser afrontada de forma profunda hasta que reflexionemos que también “somos la muerte” y que debemos cuidar nuestra forma de morir y de crear muerte.

Por ejemplo, el problema de la extinción de los bosques a nivel planetario ¿por qué es originado? ¿Por que no conservamos más bosques? o ¿Por qué asesinamos demasiados? Te cuidado, no es lo mismo. Ahora pensamos que la solución es conservar, pero muy pronto no tendremos nada que conservar si no paramos de asesinar sistemáticamente todo aquello que queremos dominar.

Somos la muerte, y como cualquier ser vivo a lo largo de nuestro camino creamos vida y creamos muerte. Acaso nadie se pregunta ¿qué tanta muerte genera el ser humano? ¿Cómo la genera? ¿La forma de crear muerte por parte de la especie humana brinda armonía o no a la red de la vida en el planeta?

No me interesa iniciar una campaña a favor del no asesinato de animales, plantas u otros seres humanos, sin embargo me encantaría que algún político se preguntara sí no estaremos abusando. Pienso que no cuestión del ‘qué se asesina’ pues todo lo vivo ha de morir (asesinado o no), tanto tu como yo, como todos los seres vivos, somos un poco asesinos, debemos serlo para que la rueda de la vida no pare de girar. Si no me crees mira tu plato de comida, mira tus ropajes, mira bajo tus zapatos, creamos la muerte tan espontáneamente como podemos generar la vida. La cuestión importante que yo planteo es ‘cuánto asesinamos’ y ‘para qué’.

Las cosas tienen un principio, la causa de la crisis ambiental no está en una carencia de conservación, este planteamiento es un remedio posible, pero pretender que es la causa no es más que otra ilusión tras la cual se puede esconder la verdadera responsabilidad; mira en tu corazón y dime sí la causa no se debe a un exceso de dominación, de control, de destrucción y de abuso frente al resto de la vida en el planeta, y entre nosotros mismos. De seguir así, muy pronto no podremos realizar ni sólo asesinato más, todas las presas habrán caído y sus amados asesinos irán después.

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