martes, 8 de abril de 2008

No hay árbol, si hay árbol, no hay árbol.

Tres puntos que señalan el camino de una espiral,
un circulo que al cerrase nunca vuelve al mismo lugar,

En el primer tramo: la intuición de un mundo diferente;
seres ordinarios se tornan extraordinarios:
Humanos se inventan como guerreros, santos, brujos o demonios

Mientras se recorre desde el primer punto donde ‘no hay árbol’,
hasta el segundo, donde ‘sí lo hay’, emerge un bosque.
Un bosquecillo lleno de árboles que se creen árboles,
y de humanos que creen que son ‘algo más que humanos’.

En el segundo tramo desaparece la distinción,
se intuye que el mundo no ha cambiado tanto;
Los seres extraordinarios son avasallados por su humanidad desnuda.
Entonces, de nuevo, ‘no hay árbol’

Se llega al tercer punto:
un nuevo principio, nunca el mismo.

Ante la desaparición de la distinción
Algunos quieren olvidar el trayecto y otros no.
De un lado, guerreros y demonios que niegan haber sido tales;
de otro brujos y santos que descubren que son ‘nada más humanos’.

Algunos se mueven como un péndulo,
un rato ordinarios y otro extraordinarios.
Entre creación y destrucción.

Otros integran lo uno y lo otro,
son extraordinarios porque se mantienen ordinarios.
Sin árbol…un bosque brota a su paso.

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