Para domesticar la mente es apropiado comenzar domesticando el cuerpo. La mente sigue al cuerpo. Por ejemplo la posición y la respiración logran alterar el estado mental y emocional. Una posición relajada y la respiración fluida generan tranquilidad. Por el contrario, las posiciones tensas y la respiración discontinúa producen ansiedad. Conseguir la habilidad de alterar la mente a partir del cuerpo es un proceso que requiere de paciencia y de práctica continua y que con el tiempo genera una maestría creciente.
No obstante, este es solo el primer paso puesto que siempre hay situaciones externas que generan estrés y tensión al cuerpo alejando la tranquilidad de la mente. Enfrentar amenazas y tragedias es inevitable, así como experimentar la enfermedad, la vejez y la muerte. De tal forma a veces es necesario actuar en relación a unas circunstancias que dificultan concentrarse en la posición y en la respiración.
Por lo tanto aprender a relajarse no es suficiente para domesticar la mente, puesto que es necesario penetrar el significado profundo de la paz mental. Por esto aunque la práctica continua es necesaria, no es suficiente para enfrentar los retos inesperados y cotidianos de la vida. Entonces es necesario que la práctica continua sea cada vez más atenta y consciente de los detalles. En los detalles se descubre que no es el cuerpo o la respiración los que en últimas alteran la mente, sino que es la intensión misma la que lo logra este objetivo.
El practicante atento descubre cual es la intensión que subyace al logro de una posición relajada o de una respiración fluida. Poco a poco, a través de su disciplina, aprende a generar la intención adecuada para domesticar la mente incluso en aquellos momentos en que las condiciones externas no le dan el tiempo para usar su cuerpo, tomar una posición específica o hacer ejercicios de respiración.
Así a pesar de comenzar usando su cuerpo para domesticar la mente, esto solo es una apariencia, puesto que lo que se usa realmente es la intención es decir, la misma mente. La mente y el cuerpo son una unidad, pero esto no es aparente para el practicante sin experiencia e incluso es difícil de realizar para aquellos que la tienen. En principio es más comprensible aprender a sentarse, acostarse, moverse y respirar de maneras que estimulan la tranquilidad, y explicar esto como que el cuerpo puede alterar la mente. En efecto, el cuerpo es un don precioso para penetrar la mente, no utilizarlo para esto es desperdiciar y despreciar el más valioso de los regalos de la vida y optar por permanecer como una víctima de las circunstancias.
Domesticar el cuerpo no es diferente a domesticar la mente porque ambos son inseparables, no obstante es necesario comenzar por sus partes más accesibles y concretas para lograr alcanzar sus zonas más remotas y sutiles. Por esto aunque se comienza por el cuerpo siempre se está trabajando con la mente, aunque llegar a ser consciente de este hecho sea un largo proceso. Por lo tanto, el resultado último es la unificación de la mente-cuerpo y el aprendizaje del valor de la intensión para generar la paz y la tranquilidad interior y así, poder compartir este don con el resto del universo.
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